Doctor en casa - Enfermedades

La dislexia y sus falsos mitos

A pesar de ser un padecimiento con aparición regular en las aulas, existen infinidad de mentiras sobre su naturaleza y tratamiento.

Afectando el aprendizaje de la lectura y fundamentalmente su velocidad y precisión, la dislexia es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a uno de cada 14 niños.

A pesar de ser uno de los trastornos más conocidos por la sociedad, a su alrededor giran falsedades y mentiras sobre su origen que complican el tratamiento.

El primero de ellos es que un niño será disléxico si sus padres padecen este trastorno. 

Que existan antecedentes familiares no determina que el niño 'herede' este problema, pero puede existir una predisposición, por lo que es importante hacer un seguimiento cercano para cerciorarse, detectar e intervenir lo más pronto posible.

Un niño zurdo es más propenso a ser disléxico, eso es completamente falso. Antes se creía que las personas zurdas tenían más dificultades en la lectura y la escritura, por lo que los obligaban a escribir con la derecha. Esta es la razón por la cual existe este mito. Si un niño confunde las palabras en espejo al leer y escribir, es disléxico. Esto no es un marcador para saber si el menor padece el trastorno. Escribir y leer en espejo es un error que cometen muchos pequeños en etapas tempranas de aprendizaje, sin embargo, se corrigen con el tiempo.

Uno de los mitos más populares, es que la dislexia se manifiesta hasta los siete años. Nada más lejano a la realidad. Lo importante es la detección temprana y pronta intervención, no se debe permitir que el niño se atrase en comparación con sus compañeros, para comenzar a actuar.

Sin hábitos de lectura, aparece la dislexia. Este trastorno no se genera por una falta de hábito lector, sino por un conjunto de variables. En realidad, la raíz del problema es una predisposición genética que genera un déficit fonológico, pero este no es suficiente para explicar la heterogeneidad de las dificultades lectoras. Existen numerosos factores de riesgo a nivel biológico, cognitivo y ambiental. Con el tratamiento adecuado, la enfermedad de la dislexia se curará. La dislexia no es una enfermedad, es un trastorno del aprendizaje que no se cura, sino que mejora con una tratamiento adecuado. Estudios muestran que con una intervención temprana e intensiva entre el 56 % y el 92 % de estos niños logran alcanzar el nivel de lectura promedio. 

Una de las falsedades más arraigadas, que debe ser eliminada de las aulas, es que un niño disléxico es flojo, no se esfuerza por aprender. Los niños con dislexia no son vagos, sino que tienen muchas dificultades para aprender a leer. No hay ningún niño que no quiera aprender a hacerlo bien.

Los disléxicos tienen bajo cociente intelectual. De hecho, para que la dislexia pueda ser diagnosticada, uno de los requerimientos es tener un IQ dentro de los parámetros de la normalidad. Por lo tanto, son niños con una inteligencia normal, pero su dificultad reside justamente en una problemática concreta para automatizar la lectura. Tampoco existen métodos milagro para tratar la dislexia. Son famosos algunos como la integración auditiva (Tomatis), la terapia visual (optometría), las lentes de colores o la integración sensorial. Lo cierto es que la única manera de combatir este padecimiento, es con el trabajo de las habilidades fonológicas (la conciencia fonológica y del principio alfabético) y la práctica de la lectura.

El último de los mitos reza que una persona disléxica es más inteligente y creativa en otras áreas. Lamentablemente no es así. Es cierto que muchos artistas famosos padecen dislexia y aún así triunfaron, pero esto se debe a la gran frecuencia de aparición del trastorno.

Comentarios