Doctor en casa - Alimentación

Alimentación en la primera infancia

Se puede decir que para alcanzar el óptimo desarrollo cerebral, un bebé requiere tres elementos esenciales: comer, jugar y amar

En la primera infancia es la edad comprendida entre el nacimiento y los tres años de edad, una etapa crítica, ya que los primeros años de la vida del niño sientan las bases de todo su crecimiento en el futuro.

En esta etapa, los niños necesitan nutrición, protección y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente.

El cerebro de los bebés forman nuevas conexiones a una velocidad asombrosa, según el Centro para el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard, más de 1 millón cada segundo, un ritmo que nunca más se repite.

Durante el proceso de desarrollo cerebral, los genes y las experiencias que viven —concretamente, una buena nutrición, protección y estimulación a través de la comunicación, el juego y la atención receptiva de los cuidadores— influyen en las conexiones neuronales. De manera sencilla podemos decir que para alcanzar el óptimo desarrollo cerebral un bebé requiere tres elementos esenciales: comer, jugar y amar.

En lo que se refiere a la alimentación, el proceso de aprendizaje de hábitos alimentarios en esta etapa es especialmente importante, ya que además de facilitar un buen estado nutricional y un crecimiento óptimo, constituirán las bases para sus hábitos alimentarios durante toda la vida.

La infancia se caracteriza por ser la etapa donde se produce un mayor crecimiento físico y desarrollo psicomotor. Lo que significa que la alimentación debe proporcionar la energía y nutrimentos para mantener las funciones vitales y además cubrir las demandas extras asociadas con el crecimiento y maduración.

La Organización Mundial de Salud, recomienda la lactancia materna exclusiva los primeros seis meses de vida, más allá de ese periodo, la leche materna ya no alcanza a cubrir las necesidades nutricionales de los pequeños y será necesario la incorporación de diferentes alimentos forma progresiva y en las cantidades adecuadas (alimentación complementaria), adaptándose, también, al desarrollo psicomotor y al interés del niño.

En este periodo es importante favorecer las condiciones que permitan la adquisición progresiva de unos hábitos alimentarios saludables y una buena relación con la comida.

Entre los objetivos que se persiguen con la introducción de la alimentación complementaria están:

1. Promover un adecuado crecimiento y desarrollo neurológico, cognitivo, del tracto digestivo y el sistema neuromuscular.

2. Brindar nutrimentos que son insuficientes en la leche materna, tales como: hierro, zinc, selenio, vitamina D.

3. Enseñar al niño a distinguir sabores, colores, texturas y temperaturas diferentes, así como a fomentar la aceptación de nuevos alimentos.

4. Promover y desarrollar hábitos de alimentación saludable.

5. Favorecer el desarrollo psicosocial, y la interrelación correcta entre padres e hijos.

6. Conducir a la integración de la dieta familiar.

7. Promover una alimentación complementaria que permita prevenir factores de riesgo para alergias, obesidad, desnutrición, hipertensión arterial, síndrome metabólico, entre otras.

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