Doctor en casa - Alimentación

Estrés y alimentación

Cuando el estrés dura mucho tiempo, se considera crónico y puede tener consecuencias negativas para la salud

Cuando una amenaza o un peligro es percibido, sea real o no, el cuerpo se prepara para dos reacciones rápidas y efectivas: la lucha o la huida.

En ellas está implicado el sistema nervioso autónomo, responsable de las funciones orgánicas del cuerpo que se producen de forma involuntaria, como el latir del corazón o la respiración.

Este, a su vez, se divide en dos: 

a) Sistema nervioso simpático, que prepara al cuerpo para la acción. b) Sistema parasimpático, que regula las actividades del cuerpo en reposo.

Frente al estímulo amenazante el sistema simpático produce una respuesta hormonal, generando mayor cantidad de adrenalina y de cortisol.

La adrenalina aumenta la frecuencia cardiaca, dilata las pupilas, los bronquios y nos pone a sudar. El cortisol incrementa el nivel del azúcar en sangre y suprime la actividad del sistema inmunitario.

Esto ocurre de manera temporal, ya que el sistema nervioso parasimpático se encarga de regresar al organismo a un estado de “todo en orden”.

En pequeños episodios el estrés puede ser positivo, como cuando ayuda a reaccionar y evitar el peligro o cumplir con una fecha límite. Pero cuando el estrés dura mucho tiempo, se considera crónico y puede tener consecuencias negativas para la salud, como incremento de la presión arterial, insuficiencia cardíaca, diabetes, obesidad, depresión, ansiedad, problemas de la piel (acné o eczema), problemas menstruales y cambio en los hábitos de alimentación que pueden agravar las situaciones descritas.

Durante el estrés agudo, provocado por una situación que pone en riesgo físico, se suprime el apetito. Mientras que bajo el estrés crónico hay dos tipos de reacciones con respecto al comportamiento frente a los alimentos. Estimaciones de los expertos, indican que un 30% de las personas comen menos y el 70% restante comen más de lo habitual.

Las personas que comen de más como respuesta al estrés, por lo general buscan compensar o mejorar su estado emocional comiendo alimentos que les proporcionan placer, que habitualmente son de alto contenido calórico lo cual incrementa la insulina circulante en sangre.

Tanto la insulina como el cortisol se han asociado con un aumento en la acumulación de grasa a nivel abdominal, favoreciendo el incremento de peso y la obesidad.

Una técnica que ha resultado muy efectiva para reducir el sobre consumo de alimentos ocasionado por el estrés son los programas de “atención plena“ o mindfulness en inglés, que implican tomar mayor conciencia de los hábitos, las emociones y pensamientos.

Proponen recuperar el contacto con las experiencias sensoriales y las señales que el cuerpo tiene para controlar de forma natural el consumo de alimentos (hambre/ saciedad).

Hay estudios que demuestran que practicando la atención plena, se logran mejorar la elección de alimentos, tener un mayor control sobre el peso y contribuye al manejo integral del estrés.

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